· Los Reyes Magos quedaron fascinados por una estrella muy especial. Era una nueva luz en el firmamento. Acostumbrados como estaban a observar las estrellas, conocedores de las diversas formas que habitaban el espacio celeste, no podían quedarse indiferentes ante aquel fenómeno. · Melchor conocía muy bien el punto preciso por donde salía el Sol cada mañana. Cada amanecer era una maravilla de luces y colores. La puesta de sol era un espectáculo magnífico. · Gaspar recordaba cada uno de los astros que a lo largo de su vida había ido descubriendo. Dibujaba las constelaciones y les daba nombre. · Baltasar pasaba noches enteras contemplando las estrellas. Observaba con admiración la Luna, sus luces y sombras cambiantes noche tras noche. · Los tres Reyes eran sabios inquietos, deseaban saber qué quería decir aquella nueva luz. Decididos, emprendieron el viaje siguiendo el movimiento de la estrella, cada uno desde su país. Siempre habían sentido, contemplando la naturaleza, que su corazón se llenaba de satisfacción y alegría, a pesar de los misterios que escondía. Cuando llegaron a Belén, descubrieron que la grandeza del universo estaba presente en el niño del establo. No es extraño, pues, que durante la noche de Reyes todos quedemos contagiados de la ilusión y alegría de aquellos sabios de Oriente que, guiados por una estrella, encontraron a Dios. La admiración por la naturaleza y el interés por descifrar los misterios del universo acompañan a los Reyes en sus carrozas. La estrella luminosa los guía. El Sol, la Luna y los planetas son las maravillas de la creación que los han conducido hasta la sabiduría. Assumpta Claramunt Elias (Licenciada en Geografía e Historia – Especialidad: Antropología Cultura) |